lunes, 19 de noviembre de 2007

El análisis final

Es táctica común de la defensa en lo penal alargar los procesos, pues así aumenta la posibilidad de que los testigos de cargo ya no estén disponibles o que su recuerdo se torne borroso, desaparezcan documentos o se afecte la prueba de alguna otra manera. También se apuesta a que, con el tiempo, la indignación popular - según se pueda manifestar en un veredicto - se atenúe. Todo esto viene a cuento por lo que ha ido ocurriendo en el caso de la joven que arrolló mortalmente a tres hombres que intentaban ganarse la vida a la orilla de una carretera nuestra. Sus abogados, muy hábilmente, han logrado poner en tela de juicio el asunto de su presunta embriaguez, aduciendo mil y una razones más o menos válidas, y en ese jaleo jurídico llevan las de nunca acabar.

El hecho incontrovertido es que la joven mató a esos tres hombres. Fuera porque estaba ebria, porque se quedó dormida o por alguna otra causa culposa o negligente, les quitó la vida. Y, a menos que se alegue y se pruebe alguna causa interventora deus ex machina, esa gravísima responsabilidad no puede ser echada a un lado. El Ministerio Público tiene que insistir en esto machaconamente, y los tribunales, a todos los niveles, no deben perderse en disquisiciones ténicas y, con ello, perder de vista lo que está en juego, en última instancia.

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