martes, 27 de noviembre de 2007

Culipandeus

La Iglesia Católica, cuyos culipandeos son milenarios, vuelve a terciar en la controversia de la reforma del Código Civil, con una propuesta conciliatoria, que pretende estar bien con Dios y con el Diablo. El Arzobispo, que generalmente asume posturas de avanzada y es un hombre de bien, quiere hacerle algo de justicia a quienes por elección o inclinación no caben dentro del matrimonio tradicional, pero no se atreve a dar el paso definitivo que le costaría la cabeza en Roma. Francamente, nunca he entendido por qué la Iglesia no es más compasiva con los homosexuales, teniendo a tantos de ellos en sus filas. Quizá sea porque, combatiéndolos tan denodadamente, aleja toda sospecha de lo que se guarda en su santo seno.

Tampoco he entendido el argumento de que hay que "defender la familia." Los heterosexuales seguirán casándose o no, independientemente de que los homosexuales puedan hacerlo. En todo caso, el matrimonio homosexual ayudaría a evitar las uniones en que uno de los contrayentes se casa para "taparse" o ver si se "arregla", con la consabida infelicidad para todo el mundo. Es una pena que personas tan ilustradas como González Nieves sean parte de una organización que, en muchos aspectos, vive en la Edad Media.

No obstante, su propuesta no deja de ser un avance hacia la eventual igualdad. Quizá sea cierto que los caminos del Señor son largos y tortuosos.

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