sábado, 12 de julio de 2014

Truco a la turca

El problema de la emigración masiva desde los países pobres hacia los ricos se combate en distintos frentes. Algunos países han optado por requerir el cumplimiento de ciertas condiciones culturales y lingüísticas, con el fin de frenar ese flujo. Una vertiente particular de esta situación se da cuando se trata de la reunificación familiar  en casos en que uno de los miembros ya se encuentra residiendo en el país al cual emigró. Alemania, por ejemplo, le exige conocimiento del alemán al cónyuge del ya residente.

Sobre esa base, en 2012 Alemania le negó la visa a una turca para que se reuniera con su esposo, quien llevaba 14 años residiendo allá, ello en contravención de un acuerdo de los años 70 entre la Unión Europea y Turquía que prohibía restricciones adicionales a la emigración de ese país.  Llegado el caso al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, éste ha fallado en contra del gobierno alemán, dictaminando que ese requisito no se sostiene como fundamento por sí solo para denegar una visa, pues deben examinarse todas las circunstancias de cada caso en particular.

Tratándose de un caso de reunificación familiar, la mujer no iba a estar sola en el país cuyo idioma no conocía bien. La realidad es que Europa es políglota, y las condiciones de la vida moderna permiten que uno pueda funcionar bastante bien con solo un conocimiento rudimentario del idioma del país en que se vive como inmigrante. La exigencia alemana era solo un subterfugio para negarle la visa.

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