domingo, 30 de octubre de 2011

«No son todos los que están, ni están todos los que son»

No se discute que la ciencia tiene mucho que aportar a todos los ámbitos de la vida, incluido el jurídico, con su cúmulo de conocimientos y análisis esclarecedores. En este sentido, el uso del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) es un instrumento valioso para entender mejor el comportamiento humano. Mas, al igual que cualquier otro elemento de apoyo o referencia para el proceso judicial, debe ser visto desde su justa perspectiva, cuidando que no se tome como unas «sagradas escrituras» sobre los problemas de la salud mental. La tentación es grande porque tratándose de una obra con el aval de la American Psychiatric Association, en uso durante varias décadas, ello le confiere casi una «presunción» de corrección. Pero, lo cierto es que  el documento ha pasado por varias revisiones -- algunas muy discutidas -- y tiene importantes detractores.

En términos jurídicos, lo que preocupa es que se le dé un peso probatorio desmedido a ese catálogo cada vez mayor de condiciones mentales, que redunde en disculpa o atenuación de culpa injustificadas por actos punibles. En la medida en que se amplía dicho catálogo, aumenta la probabilidad de que ciertas conductas queden explicadas de tal manera que pocos sean responsables de sus actos. Dicho de otra manera, si todos estamos más o menos perturbados, nadie es imputable ni mucho menos culpable.

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