jueves, 6 de octubre de 2011

El derecho divino a portar armas

Estados Unidos es un país intoxicado con un torcido sentido de la libertad, que lleva a sus ciudadanos a abusar de sus derechos y de los procedimientos jurídicos, con planteamientos absurdos que, lamentablemente, tienen frecuente acogida en los tribunales. Ahí tenemos el caso de un grupo en Georgia que defiende el derecho de portar armas, que impugna la ley que prohíbe que se lleven a los servicios religiosos en las iglesias. El grupo sostiene que ello debe dejarse a la discreción de cada congregación.

Con tanto loco suelto en ese país--muchos de los cuales establecen iglesias o frecuentan los templos--permitir armas es una irresponsabilidad de marca mayor. No hay razón válida alguna para que la gente vaya a la iglesia con armas de fuego. Ir al tribunal para reclamar ese «derecho» es una muestra elocuente de un entendimiento errado del derecho y la libertad, que surge de la idea general de que el Estado no debe intervenir con la capacidad de obrar de los ciudadanos, por lo que, como una cuestión de principio, hay que rechazar todo límite a la libertad personal.

Así nada más se explica una estupidez como la que se litiga en Atlanta.

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