viernes, 21 de septiembre de 2012

De usos y [malas] costumbres

Habrá que ver quién tiene la razón en la controversia sobre el funcionamiento de Hostería del Mar de acuerdo con los permisos pertinentes. El gobierno alega que el establecimiento no los tiene o que opera más allá de los que tiene, y la empresa dice que todo está en orden. Lo que sí puede decirse es que en nuestro país hay una actitud general de que los permisos y otras autorizaciones para llevar a cabo ciertas tareas son meros trámites burocráticos a los cuales no hay que prestarle mucha atención, una vez se han concedido. Por lo tanto, se modifican de facto, aunque no de jure, porque se entiende que, una vez autorizado a operar, lo demás son detalles que no es necesario someter de nuevo a consulta o solicitud a las autoridades pertinentes. No dudo de que algo así haya ocurrido en este caso, y que los vecinos quejosos tengan razón en señalar que, surrepticiamente, el negocio se fue transformando de una pequeña hospedería en un hotel con instalaciones y actividades incompatibles con el área residencial donde ubica.

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