lunes, 5 de diciembre de 2011

Un error lamentable

El haitiano que pasó 61 días en prisión preventiva -- ahora sabemos que en condiciones infrahumanas y en balde, por no ser culpable -- ha sido víctima del prejuicio por su color y de la histeria por los ataques sexuales. Bastó con la denuncia de una compañera feligrés, con visos de beata, y prendieron al negro, como si estuviéramos en el Deep South americano, a pesar de que, de entrada, la historia de la mujer resultaba, cuando menos, cuestionable.

Por lo que se sabe ahora, una investigación adecuada debió descubrir la falsedad de la supuesta víctima, mucho antes de que el imputado durmiera con las cucarachas en su celda. Pero, en este caso, se presumió la culpabilidad del haitiano negro venido aquí vía República Dominicana -- doble delito -- y se tuvieron «motivos fundados» en este infundio.

Incidentes desgraciados como éste nos deben servir para que reflexionemos sobre nuestros prejuicios y cuán frágil es el orden institucional, que permite injusticias así. Igualmente, debemos sofrenar el ímpetu reparador de los abusos contra la mujer, dando paso a una actitud ecuánime, a la hora de evaluar denuncias y pruebas al respecto.

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