sábado, 25 de abril de 2009

No les quedó más remedio...

Hace poco más de una semana, condenaron a cadena perpetua a un sargento mayor del ejército de Estados Unidos por el asesinato de cuatro iraquíes amarrados y vendados, ocurrido en 2007. Tuvieron que darse unas circunstancias así de dramáticas, para que las autoridades militares vencieran su renuencia a castigar a uno de los suyos por matar a «seres inferiores.»

Pero, antes de que usted bata palmas por este ejemplar triunfo de la justicia y the American sense of fair play, tenga en cuenta que la condena no es tan fiera como la pintan, pues lleva consigo la posibilidad de salir bajo palabra. Estemos pendientes porque, dentro de unos añitos, veremos a este individuo en la libre comunidad.

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