sábado, 31 de marzo de 2012

Un veredicto «aguado»

Una vez más, un jurado ha hecho una justicia «aguada» en un caso que ameritaba un veredicto por la modalidad más grave del delito. El conductor que temerariamente intentó cruzar un puente arropado por las aguas, y con ello llevó a la muerte a ocho confinados encadenados, merecía una declaración de culpabilidad más severa. Aquí no se trató de un suceso casual o imprevisto, sino de alguien que hizo caso omiso de las advertencias que se le hicieron acerca de un peligro real que también debió ser evidente para él. En este sentido, su negligencia fue crasa, y el resultado una tragedia de grandes proporciones que se pudo haber evitado fácilmente.

Toca ahora al tribunal sentenciador hacer una mayor justicia, imponiendo el máximo de la sentencia permitida y negándole el beneficio de la sentencia suspendida. No hacerlo sería aquilatar muy pobremente esas ocho vidas perdidas por causa de una terquedad absurda y criminal. Esperemos que la jueza no abuse de su discreción, haciéndose eco del «ay, bendito» del jurado.

viernes, 30 de marzo de 2012

Hay que «sentir» el español

En noticia acerca de los daños causados por la lluvia reciente, se cita al Gobernador diciendo: «Sentimos que podría haber suficiente daño como para cualificar para la declaración de emergencia...». Me parece que Fortuño estaba pensando en inglés -- cosa nada rara en él -- y tradujo we feel de esta manera. Pero, más que «sentir», que tiene, principalmente, connotaciones de sensación física o espiritual, en este caso se trata de apreciar, aquilatar, calcular o estimar los efectos de la lluvia, para decidir si se justifica decretar la emergencia y que proceda la ayuda correspondiente. Otra forma de decirlo es: «Nos parece o pensamos que podría haber suficiente daño...».


En fin, esto es lo que ocurre cuando no se cultiva la sensibilidad lingüística que permite discernir entre lo correcto y natural en español y lo que es un calco de otro idioma. 

jueves, 29 de marzo de 2012

«Ingeniosa» defensa

Continúan las controversias acerca de, por un lado, el ejercicio ilegal de la ingeniería y, por el otro, la impostura profesional de llamarse y firmar como tal, sin serlo. Sobre esto último, hay que señalar el argumento espurio de quienes pretenden defender al candidato del Partido Popular a la alcaldía de Ponce por firmarse «Ing.», aduciendo que lo que está prohibido es que una persona se presente como «ingeniero licenciado» sin serlo.

Pero, hombre, el entendido general de firmarse como ingeniero es que es licenciado. A nadie que se presente como ingeniero se le pregunta si, además de tener el título, tiene la licencia. (Aunque, ahora, con todo este revolú, habrá que hacerlo.) La norma general es que cuando un profesional se hace llamar o firma con el título se sobreentiende que tiene la licencia para ejercer como tal. De manera que, quien no estando licenciado se presenta con el título, lo hace con ánimo de engañar.

Añádase a lo anterior que al flamante candidato el Colegio de Ingenieros lo amonestó dos veces por dicha práctica, y se tendrá que concluir que, en esto, el individuo actúa con malicia premeditada y temeridad.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una lección cívica

El exSecretario de Educación Rafael Aragunde parece proponer una especie de movimiento similar al de los dirigidos a «ocupar» espacios públicos y uno que otro privado. Por lo menos, así surge del titular «Las comunidades deben apoderarse de las escuelas». Resulta claro que el educador no está incitando a la gente a tomar las escuelas por la fuerza, ni cosa que se parezca, sino a participar más activamente o a tener una mayor injerencia en los asuntos escolares, que es cosa muy distinta. Las escuelas públicas pertenecen al Estado, por más que se les designe como «escuelas de la comunidad», moda que ya pasó de moda.

Este disparate viene del dichoso empowerment, -- traducido horrendamente como «apoderamiento» o «empoderamiento» --  concepto que por mimetismo cultural han adoptado ciertos movimientos en la llamada sociedad civil -- otra moda -- en busca de asumir un cierto control y una mayor responsabilidad cívica en asuntos y procesos que los atañen. Pero, de eso a adueñarse de las escuelas hay un gran trecho.

martes, 27 de marzo de 2012

Una mala ley peor aplicada

La muerte del joven negro en Florida a manos del «vigilante» plantea dos cuestiones graves de ley y orden. La primera es el problema que representa cierta incorporación de la comunidad a la lucha contra el crimen. Si bien es deseable -- y, en algunos casos, imprescindible -- que la comunidad asuma una actitud más activa en la defensa de su propia seguridad, esta gestión suele atraer elementos con inclinaciones a cierto grado de control vecinal y hasta la violencia para imponerlo. La experiencia indica que en todas las comunidades -- especialmente en condominios y urbanizaciones con acceso controlado -- hay individuos con unas preocupaciones por la seguridad que rayan en la paranoia. Darles un poco de autoridad sobre su entorno exacerba esas tendencias, a veces, con resultados funestos.

Es en este sentido que la ley conocida como stand your ground es una mala idea, no porque el concepto sea errado, sino porque se presta muy fácilmente a su interpretación equivocada y peor aplicación. Quede claro que el derecho nunca ha pretendido que una persona abandone un lugar que ocupa legítimamente, ante  una conducta violenta. (Aunque, hace siglos, Falstaff nos enseñara que "discretion is the better part of valour.")  Mas, el derecho, rectamente entendido y aplicado, tampoco debe propiciar que la imprudencia y la temeridad lleven a desgracias que puedan evitarse. Autorizar a que se use la fuerza, incluso la letal, con base en un principio de territorialidad que parece animal es una funesta política pública.

En este caso, el victimario persiguió a la víctima porque la juzgó sospechosa, incluso desoyendo la indicación oficial del servicio 9-1-1 de que no lo hiciera. Evidentemente, en una borrachera de poder, quiso ser un héroe justiciero, pero terminó siendo un vulgar delincuente.

lunes, 26 de marzo de 2012

Del perfil de las palabras

No siempre un sustantivo o un verbo da lugar a que el adjetivo relacionado pueda usarse con ese significado. En una noticia relacionada con la visita del Papa a Cuba, se lee: «La venerada virgen [ de la Caridad del Cobre] está perfilada por el sincretismo religioso». Si bien puede decirse que ese maridaje de creencias ha conformado el perfil o que perfila la figura -- refiriéndose a los rasgos particulares --  de la Virgen María en la Antilla Mayor, la palabra «perfilada» se refiere exclusivamente a los rasgos del rostro -- delgado y largo --  o, concretamente, de la nariz de una persona.

Hay, pues, que tener cuidado con echar mano de un elemento de la oración que nos parezca apropiado en un contexto, sin examinar su significado particular. La sensibilidad lingüística hacia un uso que nos suene raro es lo que nos debe alertar para  investigar su corrección.

domingo, 25 de marzo de 2012

El fuego que purifica

Aunque hace casi un cuarto de siglo que el Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió que quemar la bandera del país era lícito, por considerarlo como una forma de expresión protegida constitucionalmente, todavía hay muchos que no se resignan a ello. Varios estados mantienen legislación que tipifica como delito la quema de la bandera. De ahí que un tribunal federal en Missouri haya tenido que declarar inconstitucional el estatuto estatal al respecto.

El patrioterismo americano -- encandilado, sobre todo, después del 11 de septiembre de 2001 -- ha continuado promoviendo en el Congreso una enmienda constitucional para prohibir la quema de la bandera. En la votación más reciente, esa iniciativa perdió por un voto, algo que, ciertamente, demuestra que el movimiento tiene fuerza.

Francamente, los verdaderos patriotas americanos son los que, abochornados e indignados, queman esa bandera, símbolo de discrimen, imperialismo y opresión.