La crisis en la Universidad de Puerto Rico, que ha provocado la casi paralización del Departamento de Estudios Hispánicos, se hace sentir en otros ámbitos. Hoy, la prensa, al contarnos que los estudiantes de intercambio no quieren venir por la incertidumbre acerca de sus estudios, nos dice: «El Recinto de Río Piedras no tiene un solo pupilo». Pues, no veo que tenga que ver la cuestión del hospedaje con lo de los estudiantes de intercambio, salvo que, como cualquier hijo de vecino, esos muchachos se tienen que hospedar en algún sitio. Porque lo de «pupilo» se refiere al estudiante que se hospeda bien sea a media pensión o a pensión completa, y eso incluye a los puertorriqueños que, no siendo del área metropolitana de San Juan, lo hacen en casas particulares o en las residencias de varones o féminas de la propia Universidad. De manera que no hay una correspondencia directa entre la falta de estudiantes extranjeros y la falta de «pupilos» en el verdadero sentido de la palabra.
No quiero pensar - ¡horror! - en que lo de pupilo se use como pupil, pues ello sería una prueba más de por qué no se debe debilitar el Departamento de Estudios Hispánicos...
lunes, 31 de enero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
No son «muchachos de mandados».
Dejando a un lado la evidente mala fe de emplazarla en las circunstancias conocidas, lo sustantivo en el caso de la representante Carmen Yulín Cruz es si, en efecto, ella utilizó su conductor pagado con fondos públicos para gestiones personales y familiares. Veremos cuál es la prueba y cuán contundente es.
Lo que sí puede decirse desde ahora es que «son muchos los hijos del muerto». A los niveles gerenciales y de rango político en que se disfruta de esa comodidad, surge la tentación de usar a los empleados públicos para asuntos privados, de mayor o menor envergadura. Nuestra historia gubernamental y política está llena de ello. Incluso, el caso bastante reciente de la Dra. Coello tuvo gran resonancia entre nosotros, y debió servir de ejemplo de lo que le puede costar a un funcionario público querer pasarse de listo en este aspecto.
Lo que sí puede decirse desde ahora es que «son muchos los hijos del muerto». A los niveles gerenciales y de rango político en que se disfruta de esa comodidad, surge la tentación de usar a los empleados públicos para asuntos privados, de mayor o menor envergadura. Nuestra historia gubernamental y política está llena de ello. Incluso, el caso bastante reciente de la Dra. Coello tuvo gran resonancia entre nosotros, y debió servir de ejemplo de lo que le puede costar a un funcionario público querer pasarse de listo en este aspecto.
sábado, 29 de enero de 2011
Yo, una persona
En estos días de tanto lleva y trae con las pruebas para detectar el uso de drogas por parte de nuestros legisladores, me he enterado por la prensa escrita y la televisiva de que en la Asamblea Legislativa hay una cosa que se llama «Oficina de Capital Humano». Ya me era conocido ese otro engendro de «Recursos Humanos», pero se ve que va en escalada la deshumanización del lenguaje que se refiere al personal de las empresas privadas o agencias gubernamentales. Durante la mayor parte de mi vida - que ya se va haciendo larga - las oficinas que atendían los asuntos de personal se llamaban Oficina de Personal. Pero, en algún momento que no puedo precisar, a alguien le pareció que eso era poca cosa, por lo que había que darle un título rimbombante, que sonara a algo más complicado e importante, y ahí surgió lo de «recursos humanos». Porque, vamos a ver, ¿hay algún recurso humano que no sean las personas?
En esto se han combinado dos tendencias de imbecilidad social. Una es el afán de distinción, que lleva a buscar designaciones, nombres o títulos que den realce a quien realiza una función. Por lo tanto, hay que ponerle otro nombre - uno pretencioso - a las cosas que conocemos de toda la vida. La otra es el uso de términos de las ciencias físicas o las ciencias sociales - perfectamente legítimos en sus contextos originales - para dar la impresión de que estamos frente a algo nuevo o intelectualmente complicado.
Me niego a caer en ese juego. Hace poco, estuve en un recinto de una universidad privada y, al procurar - a sabiendas - por la «oficina de personal» el funcionario me dirigió a la «oficina de recursos humanos», supongo que pensando en lo ignorante que soy.
Bendito...
En esto se han combinado dos tendencias de imbecilidad social. Una es el afán de distinción, que lleva a buscar designaciones, nombres o títulos que den realce a quien realiza una función. Por lo tanto, hay que ponerle otro nombre - uno pretencioso - a las cosas que conocemos de toda la vida. La otra es el uso de términos de las ciencias físicas o las ciencias sociales - perfectamente legítimos en sus contextos originales - para dar la impresión de que estamos frente a algo nuevo o intelectualmente complicado.
Me niego a caer en ese juego. Hace poco, estuve en un recinto de una universidad privada y, al procurar - a sabiendas - por la «oficina de personal» el funcionario me dirigió a la «oficina de recursos humanos», supongo que pensando en lo ignorante que soy.
Bendito...
viernes, 28 de enero de 2011
Ya somos grandecitos.
Tiene mucho de ejercicio de relaciones públicas el anuncio de la «colaboración» del Departamento de Justicia de Estados Unidos en el adiestramiento de nuestra policía en materia de derechos civiles y los llamados «crímenes de odio», última moda en la criminología norteamericana. Yo apostaría a que esto es una de esas imposiciones que, de tiempo en tiempo, vienen de allá, como condición para el otorgamiento de fondos. Mis muchos años en la Comisión para Combatir el Crimen, la Oficina de Administración de los Tribunales y el Departamento de Justicia me inclinan a pensar así. Aunque ha habido uno que otro delito que podríamos catalogar como «de odio», el asunto no es cuantitativamente tan significativo como para que se le dedique esta atención en este momento. Distinta es la situación en Estados Unidos, donde siempre es open season para «cazar» negros, hispanos o asiáticos. Allá se entiende la urgencia; aquí no.
En cuanto a capacitar a los policías en proceder con respeto de los derechos civiles, me parece que los abogados y otros profesionales puertorriqueños estamos perfectamente preparados para realizar esa función, sin necesidad de que venga un americano a decirnos lo que tenemos que hacer. Aquí hay profesores de derecho penal y procesal penal, así como constitucionalistas y abogados postulantes de primer orden, que no tienen que ser segundones de otros que, aunque eminentes en su campo, desconocen nuestra realidad social y sicología de pueblo.
Esta manía de salir corriendo a buscar ayuda en Estados Unidos para atender cualquier problema nuestro es parte del complejo de inferioridad producto del coloniaje. Se llega al absurdo de que, hace poco, se anunció otro «acuerdo de colaboración» con la Policía de Nueva York, una de las más corruptas y violadoras de los derechos civiles en todo Estados Unidos, para que enseñara a la nuestra a manejar grandes manifestaciones públicas. ¡No en balde la brutalidad policiaca en Puerto Rico va en aumento!
En cuanto a capacitar a los policías en proceder con respeto de los derechos civiles, me parece que los abogados y otros profesionales puertorriqueños estamos perfectamente preparados para realizar esa función, sin necesidad de que venga un americano a decirnos lo que tenemos que hacer. Aquí hay profesores de derecho penal y procesal penal, así como constitucionalistas y abogados postulantes de primer orden, que no tienen que ser segundones de otros que, aunque eminentes en su campo, desconocen nuestra realidad social y sicología de pueblo.
Esta manía de salir corriendo a buscar ayuda en Estados Unidos para atender cualquier problema nuestro es parte del complejo de inferioridad producto del coloniaje. Se llega al absurdo de que, hace poco, se anunció otro «acuerdo de colaboración» con la Policía de Nueva York, una de las más corruptas y violadoras de los derechos civiles en todo Estados Unidos, para que enseñara a la nuestra a manejar grandes manifestaciones públicas. ¡No en balde la brutalidad policiaca en Puerto Rico va en aumento!
jueves, 27 de enero de 2011
De visita, nada
Aunque creo en la elegancia en el decir y en usar un eufemismo aquí o allá, no debemos caer en el ridículo. En una noticia sobre un allanamiento a una distribuidora de medicamentos se dice: «Flar Medicine recibió la visita de agentes federales». Pues, francamente, un allanamiento está muy lejos de ser el acontecimiento social y de cortesía que supone lo de «visita». Generalmente, se hace a la fuerza, tumbando la puerta y con armas de fuego en las manos. El allanado tampoco «recibe» con agrado a los que irrumpen en su negocio o residencia. Me parece que debió decirse que la empresa fue intervenida por los agentes, pues ello comunica mejor la naturaleza de la acción policiaca.
miércoles, 26 de enero de 2011
Un "stop" al tubo
Pongo por delante mi rechazo al tutelaje de las agencias del Gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico. Dicho esto, es buena noticia que el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos haya puesto «en pausa» el proyecto del gasoducto, precisamente, por las razones que han esgrimido consecuentemente las comunidades y las entidades que defienden el ambiente. El lenguaje del Cuerpo es elocuente, al catalogar lo presentado por el gobierno como «deficiente, muy conceptual y falló en tratar adecuadamente los asuntos planteados por otras agencias y el público». Más adelante remacha: «La información en el expediente sobre el proyecto Vía Verde [ nombre eufemísticamente engañoso conque se ha bautizado el gasoducto] no responde plenamente en materia de seguridad pública, impactos ambientales, especies en peligro de extinción ni conservación de hábitats y propiedades históricas.»
Ahora, el Gobierno de Puerto Rico queda en la posición - incomodísima para los asimilistas - de impugnar el juicio de sus amos, por ignorantes o incompetentes. Ya no son unos elementos radicales los que se oponen al infernal tubo, sino los «expertos americanos» que, además de saber, mandan.
Ahora, el Gobierno de Puerto Rico queda en la posición - incomodísima para los asimilistas - de impugnar el juicio de sus amos, por ignorantes o incompetentes. Ya no son unos elementos radicales los que se oponen al infernal tubo, sino los «expertos americanos» que, además de saber, mandan.
martes, 25 de enero de 2011
No confundamos los términos.
Para los que duden de que, como he dicho varias veces, aquí se habla en español, pero no español, vean esta declaración del Superintendente de la Policía, acerca de los imputados de fraude a un seguro: «Les están enseñando a sus hijos cuando cometen este tipo de fraude falta de identidad y de valores.» Creo que a Figueroa Sancha le está afectando el gas pimienta que gusta de rociarle, a la menor provocación, a estudiantes, periodistas y demás ciudadanos. Porque lo que esa gente ha dado podrá ser una falta de honradez o integridad, pero no de «identidad».
La falta de vocabulario y de fluidez en la expresión lleva a muchos a utilizar cualquier vocablo para intentar comunicar una idea. Es, lamentablemente, una seña de identidad nuestra como hablantes del español en una tierra que no lo valora lo suficiente y vive sometida a una omnipresente interferencia lingüística del inglés, factor que contribuye de manera importante al empobrecimiento del vernáculo entre nosostros.
La falta de vocabulario y de fluidez en la expresión lleva a muchos a utilizar cualquier vocablo para intentar comunicar una idea. Es, lamentablemente, una seña de identidad nuestra como hablantes del español en una tierra que no lo valora lo suficiente y vive sometida a una omnipresente interferencia lingüística del inglés, factor que contribuye de manera importante al empobrecimiento del vernáculo entre nosostros.
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