Así no se hace patria. El exombudsman Carlos López ha recibido una sentencia nada ejemplarizante por conducir en estado de embriaguez; más no una embriaguez cualquiera, sino de .19 de alcohol en la sangre, más del doble del .08 permitido por ley. El hombre, cuyos líos con la justicia son peores, fue sentenciado a pagar una multita de $300, más una especial de $100. Pero, la de $300 es la mínima, pudiendo haberse sancionado con la máxima de $500. ¡Tanta amabilidad me confunde!
Y más me confunden otras condiciones impuestas a López. Por ejemplo, a pesar de suspender su licencia de conductor por 30 días -- así lo dispone la ley -- se le da una provisional para que pueda manejar para acudir a << citas médicas >> en un periodo de 12 horas, de lunes a viernes y cinco horas los sábados. No conforme con eso, el tribunal le permite guiar su vehículo para << ir a la iglesia >> en un periodo de cinco horas los domingos.
En fin, el hombre anda suelto por ahí como si nada hubiera pasado. Cierto es que la ley resulta muy permisiva en su esquema de sanciones, pero la flojera judicial la hace peor, como puede verse.
jueves, 7 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
Educando sobre el error
Es frecuentisimo escuchar a quienes cometen un delito decir que han incurrido en una equivocación o error. El más reciente ha sido Víctor Fajardo: << En términos de toma de decisiones en unos momentos dados de la vida, uno tiene que admitir que sí, me equivoqué, y por eso estoy cumpliendo con todo lo que se me ha impuesto >>. Pues, creo que el exSecretario de Educación no ha aprendido bien la lección porque el mea culpa requiere otra cosa.
Equivocarse es << tener o tomar algo por otra cosa >>. No creo que pueda decirse que Fajardo estaba confundido cuando urdió el esquema fraudulento para quedarse con $4.3 millones de fondos públicos, pensando que el dinero era suyo, lo había heredado o lo tomó a préstamo legítimamente. Él sabía exactamente lo que hacía.
Tampoco incurrió en un error, pues, en Derecho, es << vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe >>. Nuevamente, él no actuó con la creencia sincera de que lo que hacía estaba bien, sino todo lo contrario.
Me parece que Fajardo y los que como él se expresan acerca de sus actos ilegales deben demostrar su verdadero arrepentimiento empezando por admitir que actuaron de mala fe, con pleno conocimiento de causa y con el propósito de lucrarse o conseguir cualquier otro fin << ilegal, inmoral, contrario al orden público o a las buenas costumbres >>.
Equivocarse es << tener o tomar algo por otra cosa >>. No creo que pueda decirse que Fajardo estaba confundido cuando urdió el esquema fraudulento para quedarse con $4.3 millones de fondos públicos, pensando que el dinero era suyo, lo había heredado o lo tomó a préstamo legítimamente. Él sabía exactamente lo que hacía.
Tampoco incurrió en un error, pues, en Derecho, es << vicio del consentimiento causado por equivocación de buena fe >>. Nuevamente, él no actuó con la creencia sincera de que lo que hacía estaba bien, sino todo lo contrario.
Me parece que Fajardo y los que como él se expresan acerca de sus actos ilegales deben demostrar su verdadero arrepentimiento empezando por admitir que actuaron de mala fe, con pleno conocimiento de causa y con el propósito de lucrarse o conseguir cualquier otro fin << ilegal, inmoral, contrario al orden público o a las buenas costumbres >>.
martes, 5 de mayo de 2015
Desatino en el Ateneo
La controversia en el Ateneo Puertorriqueño ha tomado un nuevo giro, no solamente porque ha llegado a los tribunales, sino porque el nuevo Presidente -- uno de los demandados -- es esposo de la Jueza Presidenta del Tribunal Supremo de Puerto Rico, lo cual, quiérase que no, plantea una situación delicada para el juez de primera instancia que atiende el caso.
Sobre todo porque uno se tiene que preguntar si los actos del doctor Galib en la forma en que se han llevado a cabo -- una reunión a las 12:01 de la madrugada -- y con el lenguaje un tanto jurídico -- << esta decisión es inapelable >> han contado con el asesoramiento de su esposa, pues hay en todo ello un trasunto de legalismo de origen de mesa y tálamo, en este caso.
Habrá que ver cómo termina este desaguisado, pero me parece que el doctor debió quedarse al margen de un asunto como este, para no dar ni la mera apariencia de que su esposa, como cabeza del Poder Judicial, tuviera algo que ver con su dilucidación en el tribunal.
Sobre todo porque uno se tiene que preguntar si los actos del doctor Galib en la forma en que se han llevado a cabo -- una reunión a las 12:01 de la madrugada -- y con el lenguaje un tanto jurídico -- << esta decisión es inapelable >> han contado con el asesoramiento de su esposa, pues hay en todo ello un trasunto de legalismo de origen de mesa y tálamo, en este caso.
Habrá que ver cómo termina este desaguisado, pero me parece que el doctor debió quedarse al margen de un asunto como este, para no dar ni la mera apariencia de que su esposa, como cabeza del Poder Judicial, tuviera algo que ver con su dilucidación en el tribunal.
lunes, 4 de mayo de 2015
Buscando bulla
No conocemos ni el lenguaje coloquial o cotidiano. Hoy leo en el diario, citando la expresión verbal de un senador -- por lo que no se sabe a quién adjudicarle el error --: << No es que uno busque buya >>. Quiero pensar que, por haber sido fiscal, Superintendente de la Policía y Secretario del Departamento de Corrección, el senador ha conocido muchos busca bullas. Parece que la periodista que redactó la noticia, con todo y su maestría en periodismo, no los ha conocido. Si bien el término ha caído algo en desuso, uno supondría que alguien con un mínimo de cultura general en nuestra lengua lo sepa y lo sepa escribir.
Esto confirma lo que digo desde hace tiempo: cada día se conoce menos el español.
Esto confirma lo que digo desde hace tiempo: cada día se conoce menos el español.
domingo, 3 de mayo de 2015
De comisarios y vigilantes
En estos días se han publicado dos noticias aparentemente inconexas, pero que explican mucho de lo que se vive en Estados Unidos en Ferguson, Baltimore y otras localidades. La primera de ellas contaba la historia del dueño de un taller de mecánica que, de manera muy desafiante, le anunciaba al mundo que no atendería clientes que fueran abiertamente homosexuales, y por el contrario, daría un descuento a los dueños de armas de fuego. La segunda es la del tejano que ofrece como bono de compra de sus camionetas un arma de fuego. Como puede ver cualquier persona de buena voluntad, ambos individuos apelan de manera consciente a la glorificación de las armas de fuego y a una actitud beligerante que le es consustancial, sobre todo en un país que vive un imaginario de pistoleros que todo lo resuelven a tiros, como los comisarios de antaño, que, más que aplicar la ley, aplicaban la << ley del revólver >>.
Hacer parte de transacciones comerciales que nada tienen que ver con ello las armas de fuego, sobre todo en este momento, es una burla al dolor de las víctimas y de sus familiares, así como una provocación de más violencia por parte de gente que, desquiciadamente, cree tener no sólo un derecho constitucional a las armas, sino casi un << derecho divino >> a ellas.
Desengáñense quienes crean que ese país va tomar otro rumbo en este asunto. Pueden registrarse 52 masacres al año -- ya se va en camino a eso -- y esa mayoría ciudadana no moverá un dedo para cambiar las cosas. La matanza de negros a manos de la policía o de ciudadanos particulares continuará, tan seguramente como la salida del sol. Para los americanos, vale más conservar intocable su sacrosanta Segunda Enmienda a la Constitución federal, que todos los muertos que hipócritamente lloran todos los meses.
Hacer parte de transacciones comerciales que nada tienen que ver con ello las armas de fuego, sobre todo en este momento, es una burla al dolor de las víctimas y de sus familiares, así como una provocación de más violencia por parte de gente que, desquiciadamente, cree tener no sólo un derecho constitucional a las armas, sino casi un << derecho divino >> a ellas.
Desengáñense quienes crean que ese país va tomar otro rumbo en este asunto. Pueden registrarse 52 masacres al año -- ya se va en camino a eso -- y esa mayoría ciudadana no moverá un dedo para cambiar las cosas. La matanza de negros a manos de la policía o de ciudadanos particulares continuará, tan seguramente como la salida del sol. Para los americanos, vale más conservar intocable su sacrosanta Segunda Enmienda a la Constitución federal, que todos los muertos que hipócritamente lloran todos los meses.
sábado, 2 de mayo de 2015
Casi español
Se habla y se escribe algo que se aproxima al español, pero no lo es. Usamos palabras que casi quieren decir lo que queremos; términos a veces muy relacionados con el que deseamos emplear, más no el que corresponde.
Hoy leo en la crónica deportiva sobre el pesaje para la pelea de esta noche: << La primera ya se logró al ver como todo el aforo del MGM Garden Arena estuvo lleno de espectadores... >>. Evidentemente, el redactor de la noticia piensa que << aforo >> es un lugar, en este caso, donde se llevó a cabo el pesaje.
Lo cierto es que el vocablo aludido significa el número máximo de personas que se permite en un local para propósitos deportivos o de entretenimiento. Como se sabe, este número generalmente lo fija el cuerpo de bomberos, pues se trata de una cuestión de seguridad pública, en lo que respecta a un incendio u otra situación de peligro natural o provocado. Aunque la voz << aforo >> tiene alguna relación con el tema de la noticia del pesaje, no es la que corresponde en ese contexto. Debió decirse, pues, que la sala o salón estuvo lleno de espectadores.
Hoy leo en la crónica deportiva sobre el pesaje para la pelea de esta noche: << La primera ya se logró al ver como todo el aforo del MGM Garden Arena estuvo lleno de espectadores... >>. Evidentemente, el redactor de la noticia piensa que << aforo >> es un lugar, en este caso, donde se llevó a cabo el pesaje.
Lo cierto es que el vocablo aludido significa el número máximo de personas que se permite en un local para propósitos deportivos o de entretenimiento. Como se sabe, este número generalmente lo fija el cuerpo de bomberos, pues se trata de una cuestión de seguridad pública, en lo que respecta a un incendio u otra situación de peligro natural o provocado. Aunque la voz << aforo >> tiene alguna relación con el tema de la noticia del pesaje, no es la que corresponde en ese contexto. Debió decirse, pues, que la sala o salón estuvo lleno de espectadores.
viernes, 1 de mayo de 2015
Un poco menos malo
De lo malo, algo mejorcito. Como se sabe, en muchas jurisdicciones de Estados Unidos, se elige a los jueces por votación popular, lo cual coloca el proceso en el ámbito electoral y político. A su vez, ello significa que los candidatos a jueces hacen campaña, y recogen dinero para sufragarlas. En fin, que todo ello resulta en un embrollo ético de marca mayor, que sólo la miopía singularmente americana no ha querido ver nunca. Hace poco, una exjueza presidenta de un tribunal supremo estatal -- desde su retiro, claro está -- deploró este sistema.
Ahora, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decidido en apretadisima votación que los estados pueden prohibir que los candidatos a jueces pidan dinero personalmente. En otras palabras, cuando el descaro es demasiado grande, se prohíbe, dejando intacto el << menos malo >> de tener a otros que pidan por los candidatos a jueces o a la reelección como tales. Como si con eso se salvara el insalvable problema moral de por medio en este asunto.
Sólo el torcido entendimiento americano sobre la moral pública, y la preeminencia del dinero en esa sociedad, explican un sistema así, que esta decisión sólo mejora en algo.
Ahora, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha decidido en apretadisima votación que los estados pueden prohibir que los candidatos a jueces pidan dinero personalmente. En otras palabras, cuando el descaro es demasiado grande, se prohíbe, dejando intacto el << menos malo >> de tener a otros que pidan por los candidatos a jueces o a la reelección como tales. Como si con eso se salvara el insalvable problema moral de por medio en este asunto.
Sólo el torcido entendimiento americano sobre la moral pública, y la preeminencia del dinero en esa sociedad, explican un sistema así, que esta decisión sólo mejora en algo.
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