El artículo de opinión del Dr. Salvador Santiago Negrón, conocido psicólogo y profesional de la salud mental, me obliga a retomar el tema de las enmiendas al Código Penal. El Dr. Santiago «padece» de la misma condición que la inmensa mayoría de sus colegas, además de los psiquiatras, los trabajadores sociales y otros profesionales de «ayuda». Toda esa buena gente cree que la gente es buena pero víctima de las circunstancias -- especialmente, la crianza y el ambiente -- y que es cuestión de darle el «tratamiento» adecuado para que deje de delinquir. Los «profesionales de la conducta humana» quieren anotarse el triunfo de «curar» o «rehabilitar» a los delincuentes, mientras peores, mejor. Por eso, el buen doctor quiere un sistema penal menos punitivo, con reclusiones más cortas y medidas alternas al encarcelamiento.
Pero, todo eso puede estar muy bien para el que emite un cheque sin fondos, mas no para el que le tumba la cabeza a otro de un machetazo. Al primero lo podemos tratar de convencer con todas la terapias del mundo de que deje esa mala costumbre. Al segundo -- en palabras de mi padre -- hay que «guardarlo» mucho tiempo; quizá para siempre. Porque, cuando salga y haga lo mismo -- como ocurrió en el caso reciente -- habrá que ir a buscar al Dr. Santiago para que le dé terapia a los familiares de la segunda víctima.
sábado, 8 de noviembre de 2014
viernes, 7 de noviembre de 2014
Una xenofobia selectiva
Si bien somos un pueblo hospitalario -- quizá demasiado -- la xenofobia no nos es ajena. Ese defecto moral se ha hecho más patente desde que comenzó la ola inmigratoria dominicana, sobre todo en su vertiente indocumentada. Resulta innegable que hay además un fuerte elemento racista, pues muchos de los que llegan a nuestras playas son negros de diferentes tonalidades. Aunque somos un pueblo mulato, tenemos el afán de blanquearnos y de fingir en lo que respecta a nuestra verdadera condición racial.
Hay entre nosotros otra clase de xenofobia; una con raíces ideológicas. En el sector anexionista, hay elementos que llevan su apego a Estados Unidos a niveles enfermizos, rechazando cualquier manifestación positiva hacia otro país. En el caso de España, por ejemplo, se cultiva cierta hispanofobia, predicada en un rancio resentimiento por el coloniaje de cuatro siglos. Esta actitud absurda se extiende a los pueblos latinoamericanos, cuya presencia económica aquí disgusta, mientras se acoge con beneplácito la de Estados Unidos, nación que se tiene como propia.
Así de desquiciados viven muchos puertorriqueños, luego de 116 años de coloniaje yanqui.
Hay entre nosotros otra clase de xenofobia; una con raíces ideológicas. En el sector anexionista, hay elementos que llevan su apego a Estados Unidos a niveles enfermizos, rechazando cualquier manifestación positiva hacia otro país. En el caso de España, por ejemplo, se cultiva cierta hispanofobia, predicada en un rancio resentimiento por el coloniaje de cuatro siglos. Esta actitud absurda se extiende a los pueblos latinoamericanos, cuya presencia económica aquí disgusta, mientras se acoge con beneplácito la de Estados Unidos, nación que se tiene como propia.
Así de desquiciados viven muchos puertorriqueños, luego de 116 años de coloniaje yanqui.
jueves, 6 de noviembre de 2014
Desafuero dominicano
Continuando con su claro menosprecio del derecho internacional y los derechos humanos, la República Dominicana se ha retirado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, foro que, correctamente, le ha fallado en contra por sus atropellos a los haitianos y a los dominicanos de esa ascendencia. El Tribunal Constitucional de ese país ha traicionado su ministerio de hacer justicia, avalando los desafueros de los otros dos poderes del Estado dominicano en este asunto. La condena internacional ha sido unánime, pero R.D., temerariamente, persiste en un proceder que recuerda lo peor de la era de Trujillo. Como no tiene ni puede tener razón en Derecho -- mucho menos en Justicia -- como niño malcriado, se retira del foro que le pone el dedo en la llaga de la xenofobia y el racismo.
Con esta acción, esa Antilla continúa deshonrando el legado de Eugenio María de Hostos y de otros próceres puertorriqueños, cubanos y dominicanos cuyo ideario de solidaridad y unión caribeña alumbró nuestra historia común.
Con esta acción, esa Antilla continúa deshonrando el legado de Eugenio María de Hostos y de otros próceres puertorriqueños, cubanos y dominicanos cuyo ideario de solidaridad y unión caribeña alumbró nuestra historia común.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
La vitrina rota
He aquí otra palabra de uso muy particular en la historia de nuestro país: vitrina. En la propaganda ideológica orquestada por Estados Unidos, y aquí sumisamente aceptada, Puerto Rico era la «vitrina de la democracia» para una América Latina empobrecida y subyugada por dictaduras. (Claro que no se decía que los americanos eran principales saqueadores de esos países, ni que eran amigos de esos déspotas.) Según los evangelistas del State Department y la CIA, nuestra isla era la sucursal de USA en español, modelo de democracia y progreso para las repúblicas bananeras con aspiraciones de hacerse gente.
Pero, vitrina al fin, había mucho de artificio y fantasía, que el tiempo se encargó de revelar. El sol de la verdad penetró con fuerza, destiñendo las baratijas del tinglado colonial. Ya nadie se atreve a revivir esa vieja y manida imagen. La vitrina está vacía y rota. La tienda quebró.
Pero, vitrina al fin, había mucho de artificio y fantasía, que el tiempo se encargó de revelar. El sol de la verdad penetró con fuerza, destiñendo las baratijas del tinglado colonial. Ya nadie se atreve a revivir esa vieja y manida imagen. La vitrina está vacía y rota. La tienda quebró.
martes, 4 de noviembre de 2014
Veinte años no es nada
En medio de toda esta discusión de una reforma del derecho penal en el país que busca reducir ciertas penas, sugiero la adopción de un criterio jurídico creativo y novedoso. Creo que ha llegado el momento de aplicar el principio de la «duda razonable» explícitamente a los confinados por delitos graves de violencia que procuren salir en libertad condicional. De la misma manera que no debe condenarse a una persona si hay duda razonable acerca de su culpabilidad, no debe dejársele salir de prisión, si hay duda razonable sobre su rehabilitación. En otras palabras, el quantum de prueba tiene que ser muy exigente, para que una persona que ha causado una muerte o grave daño corporal demuestre que se le debe permitir salir a la libre comunidad. La duda tiene que beneficiar a la sociedad, como un mecanismo de defensa de quienes han demostrado agresividad extrema e incapacidad para controlarla.
Es sencillamente absurdamente trágico que la sociedad juegue a la «ruleta rusa» con personas que son «pistolas sin inscribir», soltándolos para que vuelvan a matar o hacer grave daño. El riesgo es demasiado grande, y no hay derecho a que las autoridades lo permitan por cuestiones filosóficas o consideraciones económicas relacionads con el costo del encarcelamiento.
¿Qué se le dice a una víctima o a sus familiares, cuando el victimario es un exconfinado a quien se le permitió salir porque estaba «rehabilitado» o para que el Estado se ahorrara unos pesos?
Es sencillamente absurdamente trágico que la sociedad juegue a la «ruleta rusa» con personas que son «pistolas sin inscribir», soltándolos para que vuelvan a matar o hacer grave daño. El riesgo es demasiado grande, y no hay derecho a que las autoridades lo permitan por cuestiones filosóficas o consideraciones económicas relacionads con el costo del encarcelamiento.
¿Qué se le dice a una víctima o a sus familiares, cuando el victimario es un exconfinado a quien se le permitió salir porque estaba «rehabilitado» o para que el Estado se ahorrara unos pesos?
lunes, 3 de noviembre de 2014
¡Viva el separatismo!
La palabra unión -- que no hace falta explicar -- tiene en Puerto Rico una frecuente y fuerte presencia, dada nuestra «condición política», frase eufemística con la que se suele encubrir el coloniaje que padecemos. Desde principios del siglo 20, se habla de la Unión Americana, para referirse a Estados Unidos, y Luis Muñoz Marín, sin duda el político más influyente de la «increíble y triste historia» de los cándidos puertorriqueños, le puso su sello a nuestra subordinación con el concepto de unión permanente a Estados Unidos, mantra con el que los puertorriqueños dóciles aquietan su espíritu ante la degradante situación colonial.
Ocurre, entonces, que no hay tal «unión», sino sometimiento, subordinación y sujeción al imperio yanqui, consentido y hasta celebrado por quienes tienen un «enredo de espíritu», en palabras de Muñoz Marín en un momento de una lucidez patriótica que le duró muy poco.
Ocurre, entonces, que no hay tal «unión», sino sometimiento, subordinación y sujeción al imperio yanqui, consentido y hasta celebrado por quienes tienen un «enredo de espíritu», en palabras de Muñoz Marín en un momento de una lucidez patriótica que le duró muy poco.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Los otros indocumentados
Independientemente de la «mala leche» con la que se han aprobado las leyes estadounidenses que requieren identificación con foto para votar -- pues se conoce el efecto inmediato de ello -- , lo cierto es que no hay algo inherentemente malo en que haya una exigencia de ese tipo para ejercer el derecho al voto. Acá en nuestro país tenemos la tarjeta electoral con ese propósito, y no resulta en nada irrazonable u opresivo establecer un mecanismo así. Que se calcule que en Estados Unidos hay cerca de 23 millones de personas sin documento alguno de identidad acusa un atraso social muy grave. Por más pobre que sea una persona o más apartada viva, en este siglo 21, en el país que más se jacta de su superioridad en todos los órdenes, una situación como esta es francamente escandalosa. Se trata de un segmento significativo de su población viviendo en una marginalidad muy frágil, no solo en términos electorales, sino en otros muchos aspectos de la vida en sociedad, en los cuales no es posible participar eficazmente sin una identificación con foto.
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