lunes, 7 de julio de 2014

Tarjeta amarilla

Parte importante de hablar y escribir bien una lengua es conocer sus aforismos, «frases hechas», giros, modismos y refranes. Algunos pretenden alterar estas locuciones o calcar las de otro idioma.

En la crónica deportiva aparece este titular: «En juego para pelos, Holanda le gana a Costa Rica en penales». Cuando lo leí, se me pusieron los pelos de punta, como buen hablante del español. Es posible que se trate de una versión de hair-raising, frase del inglés para estos casos.

De cualquier manera, lo de «para pelos» no va.

domingo, 6 de julio de 2014

¡Con lugar, Costa Gavras!

Un tribunal chileno acaba de «fallar» a favor de Costa-Gavras. No porque el famoso director de cine fuera parte en un pleito, sino por la denuncia que hizo en Missing, su cinta de 1982 sobre el caso del periodista americano «desaparecido» por el régimen de Pinochet en 1973. El tribunal confirma lo que todo el mundo siempre sospechó y el gobierno de Estados Unidos sigue negando: los americanos colaboraron con el gobierno chileno en la desaparición, tortura y asesinato de Charles Horman y el estudiante universitario Frank Teruggi, todo porque los consideraban simpatizantes del depuesto presidente Salvador Allende. De hecho, el estreno de la película generó una demanda contra el director y el escritor del libro en la que está basada, pero fue desestimada. No obstante, ello provocó que tanto el libro como la cinta fueran retirados del mercado de Estados Unidos hasta 2006.

Como dicen por ahí, «prueba acumulativa» de los crímenes del gobierno de Estados Unidos de América, tan admirado y consultado por nuestras autoridades...

sábado, 5 de julio de 2014

«Pre-venidos»

Leo en un anuncio de una empresa de cortinas interiores: «¡Pre-ordene la suya!, y estoy a punto de llamar para averiguar cómo se hace eso. Porque uno puede pedir una cotización o estimado para algo así, y luego ordenar o pedir que se la fabriquen. Lo que no entiendo es cómo se puede ordenar de manera previa, que es lo que sería «pre-ordenar».

Es que vivimos en un mundo en el que, como muy bien dijo el célebre comediante George Carlin, se «pre-abordan» los aviones y hay «pre-ventas» de boletos para ciertos espectáculos. Todo esto para dar la sensación de que se es alguien especial, cuando se tiene acceso a estas cosas. El comercio aprovecha el afán de distinción de la gente, y se inventan estos disparates, que se riegan como un mal rumor.

Pensándolo bien, no voy a «pre-ordenar» nada, no vaya a ser que tenga que «pre-pagarlo»...

viernes, 4 de julio de 2014

Hay que dar cara

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sostenido la ley francesa que prohíbe el uso en público de la vestimenta islámica que cubre completamete la figura femenina, sobre todo su faz. Este es un asunto que se ha litigado y se sigue pleiteando en varios países. Lo que se plantea es un conflicto entre el derecho de un creyente a usar un ropaje con un significado religioso y consideraciones de orden público. Véase que el Estado en Occidente limita o prohíbe legítimamente que el individuo use ropa y accesorios cuyo efecto práctico sea ocultar su identidad. La razón es obvia: si la persona comete un delito, no hay forma de identificarla o ello se torna complicadísimo.

Amén de lo anterior, el dictamen judicial no se da en un vacío. La realidad innegable es que los grupos terroristas de trasfondo islámico aprovechan su indumentaria particular para ocultar su identidad. No se trata, por tanto, de una intolerancia o persecución religiosa, pues hay otros grupos culturales y étnicos que visten de forma característica, sin que la sociedad en general o el Estado intervenga con ellos. Pero, en esos casos, aunque el atuendo nos resulte estrambótico, ridículo o hasta risible, no hay motivo razonable para limitarlo o prohibirlo.

Es por todo lo anterior que, aun un tribunal favorecedor de los derechos humanos, ha fallado a favor de una ley que restringe el uso de la vestimenta aludida.

jueves, 3 de julio de 2014

¡No [re]inventen!

Insisto en el tema de la moda en la expresión, y cómo se abusa de un término que comienza siendo novedoso y termina siendo engorroso. Ahí tenemos el titular «Rubén Blades reinventa sus clásicos». Dejando a un lado que el vocablo aún no ha sido aceptado formalmente en español, la gente que no tiene inventiva lo usa mañana, tarde y noche... y de madrugada. Ya nadie dice que se trata de «una nueva versión, un sesgo distinto, un giro diferente» o cualquier forma similar de expresar que algo constituye otra manera de presentar lo que ya se conoce.

Hay dos razones para esta popularidad de los neologismos. Una es la pobreza de vocabulario que se padece en nuestro medio. A falta de opciones léxicas, se depende de la misma forma de decir las cosas. La segunda es la tontería de querer dar la impresión de que se es moderno y se maneja el lenguaje de último cuño.

En fin, mediocridad intelectual.

miércoles, 2 de julio de 2014

« ♪...todo es cuestión de medida...♪»

Pues, me parece que el proyecto de ley para aumentar la multa por conducir en estado de embriaguez, de acuerdo con la concentación de alcohol en la sangre, tiene mérito. Si bien lo ideal es no conducir luego de ingerir bebidas alcohólicas, lo cierto es que el principio de proporcionalidad -- de especial relevancia en el derecho penal -- aconseja que se gradúe la pena a la severidad de la conducta punible. Porque no es lo mismo estar algo pasadito de tragos que estar «ajumao». Lo primero permite guiar con más o menos pericia, según circunstancias del individuo; lo segundo lo incapacita totalmente. Entre estos extremos hay grados de indisposición que deben ser aquilatados y penados de manera correspondiente. Desde hace tiempo, la ciencia nos ha dado una medida muy útil para calcular esto, y el derecho penal debe aprovechar ese conocimiento para sancionar de una manera más racional esta conducta.

martes, 1 de julio de 2014

A título [im]personal

Sé que me repito, pero es que hay cosas que me rejoden. En una noticia acerca de la agencia encargada de remozar las instalaciones de las escuelas públicas, se dice que no cuenta con los «recursos humanos» ni los económicos para hacer su trabajo. Tan fácil que es decir que no tiene el personal ni los fondos para funcionar adecuadamente. Pero, en algún momento, alguien pensó que los asuntos de personal eran poca cosa, por lo que había que buscarles un título que sonara de mayor envergadura.

Quizá, en el futuro, cuando los avances en la clonación y la robótica cambien la composición de la plantilla laboral, entonces se justifique eso de «recursos humanos», a manera de deslinde.