La justicia fracasa de muchas maneras. Conviene examinar las razones de ello. Digamos algo de la penal, en la que se notan más.
El primer fracaso es la impunidad, la cual tiene varias vertientes. La principal es la del delito no esclarecido, por desconocimiento del autor de los hechos. Pero, hay otra también preocupante: la del sujeto conocido cuya investigación tarda tanto que el delito prescribe. Aunque puede haber razones legítimas para la tardanza, a veces resulta muy sospechoso lo dilatado del proceso investigativo. Aun cuando el delito no haya prescrito, si la policía u otra entidad investigativa se toma demasiado tiempo en la pesquisa, se corre el riesgo de que desaparezcan documentos y testigos, o que el recuerdo de éstos pierda la precisión que le da credibilidad, afectando todo ello la posibilidad de encausar a un culpable.
La falta de diligencia en la investigación criminal muchas veces tiene nombre y apellidos. Conocidos.
viernes, 7 de marzo de 2014
jueves, 6 de marzo de 2014
Latinidad
Para ser una «lengua muerta», el latín tiene mucha presencia en el habla del español. No me refiero, por supuesto, a las innumerables palabras de raíz latina, sino a términos relacionados con el uso del latín en nuestras vidas, algunas de ellas con cierto dejo burlón. Por ejemplo, latinajo o latinazgo son vocablos despectivos respecto al mal uso del latín. Latinear es el abuso de voces latinas, como ocurre por parte de quienes quieren impresionar a otros con su cultura, especialmente los «pichones de abogados». Algo parecido comunica la palabra latiniparla, es decir, hablar con términos en latín con cierta afectación, o comemierdería, añado yo.
Por otra parte, conviene aspirar a ser latinista, por el conocimiento de la lengua y literatura latinas.
Por otra parte, conviene aspirar a ser latinista, por el conocimiento de la lengua y literatura latinas.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Una ética ejemplar
Si bien «la moral no se legisla», ello no es del todo cierto, pues el ordenamiento jurídico se nutre de juicios valorativos que tienen su raíz en consideraciones de la moral. Con la ética pasa algo parecido: en el ámbito profesional se impone, y en el gubernamental también se establecen normas de derecho positivo.
Todo esto viene a cuento porque la Oficina de Ética Gubernamental ha decidido proceder legalmente contra el exSecretario de Justicia, por su intervención indebida en el caso de su «amigo del alma». La renuncia al cargo no lavó totalmente la falta a la moral pública. No es posible pasar por alto la grave violación a la pureza de los procedimientos policiacos, excusándolos como un mero «error de juicio» o «indiscreción». A quien se le confían grandes responsabilidades como la cabeza del Ministerio Público de un país se le exige un comportamiento intachable.
Es la ética y la ley.
Todo esto viene a cuento porque la Oficina de Ética Gubernamental ha decidido proceder legalmente contra el exSecretario de Justicia, por su intervención indebida en el caso de su «amigo del alma». La renuncia al cargo no lavó totalmente la falta a la moral pública. No es posible pasar por alto la grave violación a la pureza de los procedimientos policiacos, excusándolos como un mero «error de juicio» o «indiscreción». A quien se le confían grandes responsabilidades como la cabeza del Ministerio Público de un país se le exige un comportamiento intachable.
Es la ética y la ley.
martes, 4 de marzo de 2014
Un imperativo [k]ategórico
La impronta intelectual de algunos se manifiesta, incluso, en las lenguas de todo el mundo. El gran escritor checo nos ha dejado kafkiano, palabra que resume el absurdo y la angustia del hombre en El proceso y El castillo, como metáforas de vida. El sistema filosófico de Immanuel Kant nos ha llegado como kantiano o kantismo. Keynesiano -- aunque no figura en el Diccionario de la RAE -- es el término que recoge el pensamiento del más influyente economista del siglo XX, el británico John Maynard Keynes. Y otro sistema filosófico -- el del alemán Friedrich Krause, con el cual comulgó nuestro Eugenio María de Hostos -- queda recogido en krausismo.
lunes, 3 de marzo de 2014
Una abogada bragada
Un día como hoy, en 1879, el Tribunal Supremo de Estados Unidos admitió a Belva Lockwood a postular, como la primera abogada. Ella se había graduado de Derecho en 1873, pero de poco le había valido porque la judicatura de la época no le permitía ejercer en los tribunales, incluido el Supremo federal. Un juez de Maryland le llegó a decir que Dios había decretado que las mujeres no eran iguales a los hombres y nunca lo serían. Cuando ella trató de responderle, no la dejó hablar y la mandó a sacar del salón de sesiones. Entre 1874 y 1879, Lockwood cabildeó en el Congreso para que aprobaran una ley que le permitiera a las mujeres postular en los tribunales federales. Finalmente, los machistas de la época le hicieron justicia a las abogadas.
Como puede verse, contrario a la propaganda americana, en ese país, los reclamos de igualdad de derechos nunca han sido acogidos con agrado, ni siquiera entre aquellos llamados a atenderlos esclarecidamente. La verdadera historia de Estados Unidos está llena de bochornosos episodios como éste, que no reflejan superioridad jurídica ni moral para que le dicten pautas al resto del mundo.
Como puede verse, contrario a la propaganda americana, en ese país, los reclamos de igualdad de derechos nunca han sido acogidos con agrado, ni siquiera entre aquellos llamados a atenderlos esclarecidamente. La verdadera historia de Estados Unidos está llena de bochornosos episodios como éste, que no reflejan superioridad jurídica ni moral para que le dicten pautas al resto del mundo.
domingo, 2 de marzo de 2014
Error de jazz
Saben que les he dicho que la RAE no siempre define bien las palabras, sobre todo aquéllas que tienen que ver con asuntos o temas un tanto ajenos a la cultura española o hispánica. Un ejemplo de ello es el término jazz, mundialmente conocido. Pero, es el caso que, además de definirlo como el género musical, también le asigna un significado francamente disparatado: «orquesta especializada en la ejecución de este género de música».
Cualquiera sabe que esto no es así. A las agrupaciones que tocan jazz -- sean tríos, cuartetos, bandas u orquestas -- se les nombra añadiendo de, es decir, orquesta de jazz, por ejemplo. Por sí sola, la voz jazz representa la música, no sus intérpretes, sean solistas o en grupo.
Sorprende que la Academia cometa un error tan elemental.
Cualquiera sabe que esto no es así. A las agrupaciones que tocan jazz -- sean tríos, cuartetos, bandas u orquestas -- se les nombra añadiendo de, es decir, orquesta de jazz, por ejemplo. Por sí sola, la voz jazz representa la música, no sus intérpretes, sean solistas o en grupo.
Sorprende que la Academia cometa un error tan elemental.
sábado, 1 de marzo de 2014
Un poco de sentido común
Las leyes de tránsito han tenido que adaptarse a la realidad actual de la comunicación inalámbrica en sus distintas modalidades. Hace tiempo que los conductores hablan, escriben y leen, de manera incontenible, mientras manejan. Ha habido, pues, que prohibir esas conductas, por lo lesivas a la seguridad vial. Pero, como siempre, la aplicación de la norma debe hacerse de forma flexible y razonable, para no ser injusto.
En este contexto, en California, un tribunal apelativo ha tenido que revocar un dictamen de instancia en el caso de un hombre denunciado por consultar un mapa en su teléfono móvil, al encontrar una vía muy congestionada por reparaciones. En medio del atasco, el sujeto quiso aprovechar la ventaja de la tecnología para buscar otra ruta, pero un policía -- más papista que el Papa -- le expidió un boleto de $165.
Indignado, el denunciado fue a la sala de casos de tránsito, pero el tribunal le falló en contra. Entonces fue a una sala superior, que sostuvo el dictamen. Hasta que el apelativo entró en razón, resolviendo que, en los hechos muy particulares de este caso, la prohibición no aplicaba porque el conductor no estaba «escuchando o hablando» por teléfono. Por mi parte, creo que el tribunal tiene que haberse identificado con el hombre, pensando que cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo.
O sea que, en el país del common law, aplicó el common sense.
En este contexto, en California, un tribunal apelativo ha tenido que revocar un dictamen de instancia en el caso de un hombre denunciado por consultar un mapa en su teléfono móvil, al encontrar una vía muy congestionada por reparaciones. En medio del atasco, el sujeto quiso aprovechar la ventaja de la tecnología para buscar otra ruta, pero un policía -- más papista que el Papa -- le expidió un boleto de $165.
Indignado, el denunciado fue a la sala de casos de tránsito, pero el tribunal le falló en contra. Entonces fue a una sala superior, que sostuvo el dictamen. Hasta que el apelativo entró en razón, resolviendo que, en los hechos muy particulares de este caso, la prohibición no aplicaba porque el conductor no estaba «escuchando o hablando» por teléfono. Por mi parte, creo que el tribunal tiene que haberse identificado con el hombre, pensando que cualquiera en su lugar hubiera hecho lo mismo.
O sea que, en el país del common law, aplicó el common sense.
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