La lectura de la Constitución hecha por los republicanos en la Cámara de Representantes de Estados Unidos al plantar bandera como mayoría es muy reveladora. Primero, porque con ello quieren dar la impresión de que son «más papistas que el Papa» en su apego a la ley fundamental del país. Hace tiempo que ellos vienen insistiendo en que Obama y el resto de los demócratas se apartan significativamente de la letra y el espíritu de la carta constituyente en la legislación que aprueban y en su forma de gobernar en general, así que dan este show para impresionar a los incautos. En segundo lugar, y más importante, es que han leído una versión que omite algunos pasajes del texto original porque, claramente, les resultan incómodos, aunque, en el fondo, crean en ellos, como los relativos a que los esclavos -ahora los negros libres - eran «tres quintas partes de un ser humano».
El asunto interesa porque estos congresistas, y su contraparte en el Tribunal Supremo - el juez Scalia, por ejemplo - predican el evangelio de la interpretación estricta basada en la intención original de los constituyentes, según surge del texto original, algo que ha llevado a Scalia a sostener que la protección de los derechos de la mujer no tiene una base constitucional, lo cual, aunque literalmente cierto, es una barbaridad jurídica y moral. Por supuesto, si lo que se quiere es discriminar contra las mujeres y los negros, entonces conviene adoptar esa visión «purista» del derecho constitucional.
Así que ahí está la clarinada política que anuncia el regreso a los good old days de un esfuerzo legislativo por reestablecer un conservadurismo social para beneficio de los grandes intereses económicos y el abandono de los menesterosos. Primero en esa agenda troglodita figura la derogación de la reforma de salud - con menos de un año de establecida - para complacer a las aseguradoras, que estoy seguro pagaron por, entre otras cosas, las copias de la Constitución espuria que leyeron sus testaferros en el Congreso.
viernes, 7 de enero de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
El parlamento es para hablar.
Sabemos que la oposición en Venezuela es furibunda, pero, a juzgar por lo que dice la prensa, es tan terrible que, de sólo hablar, daña a los chavistas. De otra manera no se entiende el siguiente titular: «Se esperan cinco años de una cruenta lucha verbal en la Asamblea Nacional». Ojalá que impere la cordura y los debates parlamentarios no se hagan a dentelladas que produzcan derramamiento de sangre, que es lo que «cruenta, cruento» significan.
Evidentemente, lo que debió decirse es que la oposición dará una lucha encarnizada contra el gobierno, lo cual es de esperarse en la actividad política en cualquier parte del mundo.
Evidentemente, lo que debió decirse es que la oposición dará una lucha encarnizada contra el gobierno, lo cual es de esperarse en la actividad política en cualquier parte del mundo.
miércoles, 5 de enero de 2011
Una cena que «cayó mal»
Desde el punto de vista jurídico, resulta interesante lo ocurrido en un retaurante en Santa Isabel en el cual se produjo un apagón de noche y se optó por cerrar las puertas para evitar que los parroquianos se fueran sin pagar. Se dice que el local estaba lleno y, aparentemente, algunos comensales aprovecharon la oscuridad para escurrirse. Tal parece que el local no contaba con una planta de emergencia, pues ello hubiera aliviado la situación. También se alega que el trato del personal del establecimiento fue atropellante. No queda claro cuánto duró la situación y si la gerencia del restaurante hizo un esfuerzo inicial por cobrar de manera ordenada y razonable.
Por un lado, el restaurante tiene un interés legítimo en cobrar por su servicio y evitar que se vaya la gente sin pagar. En este sentido, los clientes tienen el deber de cooperar permaneciendo en el local un tiempo razonable en lo que se les cobra por lo consumido, a menos que las condiciones sean onerosas, digamos, por la temperatura, o peligrosas, por una oscuridad total. Cierto es que, de ordinario, no se puede restringir la libertad de otro, pero ello está condicionado a que sea ilegalmente. La pregunta es si es ilegal que se tomen medidas para evitar lo que, en esencia, sería una «apropiación ilegal», es decir, el aprovechamiento de unos bienes y servicios sin pagar. El asunto se complica porque el apagón no es imputable al restaurante ni a los clientes; por lo que son igualmente víctimas de un suceso fortuito.
En ausencia de más detalles, me parece que debió haber una mayor buena fe de ambas partes, buscando un acomodo razonable para una situación imprevista y fuera de su control.
Por un lado, el restaurante tiene un interés legítimo en cobrar por su servicio y evitar que se vaya la gente sin pagar. En este sentido, los clientes tienen el deber de cooperar permaneciendo en el local un tiempo razonable en lo que se les cobra por lo consumido, a menos que las condiciones sean onerosas, digamos, por la temperatura, o peligrosas, por una oscuridad total. Cierto es que, de ordinario, no se puede restringir la libertad de otro, pero ello está condicionado a que sea ilegalmente. La pregunta es si es ilegal que se tomen medidas para evitar lo que, en esencia, sería una «apropiación ilegal», es decir, el aprovechamiento de unos bienes y servicios sin pagar. El asunto se complica porque el apagón no es imputable al restaurante ni a los clientes; por lo que son igualmente víctimas de un suceso fortuito.
En ausencia de más detalles, me parece que debió haber una mayor buena fe de ambas partes, buscando un acomodo razonable para una situación imprevista y fuera de su control.
martes, 4 de enero de 2011
«Tocando madera»
Un apreciado y distinguido colega escribe en el periódico sobre su visita a uno de nuestros pueblos, y en un descuido, dice: «Fui a almorzar en un negocio de madera con una pequeña barra y billar.» El lector no sabe si el establecimiento se dedicaba a vender madera y también servía comida, o si la estructura que lo albergaba era de madera. Me parece que el amigo pudo evitar el equívoco, diciendo un restaurante de madera. Si el lugar no llegaba a esa categoría, era cuestión de decir cafetería o fonda, con lo cual se eliminaba el término «negocio», cuya indefinición puede generar alguna confusión.
lunes, 3 de enero de 2011
El agravante fue el color de la piel.
En Mississippi, uno de los estados más racistas de uno de los países más racistas, el Gobernador acaba de conceder la libertad bajo palabra a dos hermanas negras condenadas a prisión perpetua hace 16 años, cuando tenían 20 y 22 años, por participar - llevaron a la víctima a una emboscada - en el robo a mano armada de $11.00. La condena, extraordinariamente severa, ha sido repudiada todos estos años, y no ha sido hasta que una de las hermans ha enfermado de los riñones, requiriendo diálisis diaria, que el Gobernador, para ahorrarse ese costo, le ha puesto como condición a la hermana sana que, para salir en libertad, le done un riñón a la otra. Se dice que ya la hermana se había ofrecido a hacerlo, pero, aun así, la decisión del ejecutivo deja un mal sabor.
Y ésta es la gente que pretende darle cátedra de derecho y justicia al resto del planeta, mirando siempre por encima del hombro los sistemas jurídicos de otros países, que juzgan como deficientes.
Y ésta es la gente que pretende darle cátedra de derecho y justicia al resto del planeta, mirando siempre por encima del hombro los sistemas jurídicos de otros países, que juzgan como deficientes.
domingo, 2 de enero de 2011
Para no «descarrilarnos»
Termina un año y comienza otro, y seguimos con los mismos problemas de redacción. En un editorial de prensa acerca de los esfuerzos para terminar la huelga universitaria, se hace referencia a éstos como «...a los que se debe dar cercano seguimiento para que no se descarrile la ruta emprendida.» Pues, creo que lo que se ha descarrilado es la corriente de pensamiento del editorialista. Como sabemos, la ruta es el camino que se toma para llegar a un sitio. Si se quiere usar el verbo «descarrilar» - que se aplica, literalmente, al movimiento de un tren - en sentido figurado, entonces no es posible decir que lo que se descarrila es la ruta, sino aquéllo con lo que se compara al tren; en este caso, los esfuerzos por solucionar el problema de la huelga. Otra forma de referirse correctamente a este asunto sería decir «para que no se pierda el rumbo tomado».
En fin, como he dicho tantas veces, hay que escribir a conciencia, pensando en las metáforas, símiles y otras imágenes que deseamos emplear, y usar elementos que sean congruentes con la idea central.
En fin, como he dicho tantas veces, hay que escribir a conciencia, pensando en las metáforas, símiles y otras imágenes que deseamos emplear, y usar elementos que sean congruentes con la idea central.
sábado, 1 de enero de 2011
Un «botellazo» federal
Supongo que esos jueces federales - que «se comen los niños crudos»- tendrán una prueba sólida para demandar al restaurante Bottles, en el que alegan se envenenaron comiendo mofongo y filet mignon en febrero pasado. Han tenido que recurrir a los tribunales puertorriqueños para reclamar, pues parece que no encontraron base para asumir jurisdicción y que el caso lo viera algún juez americano, al que habría que explicarle lo que es el mofongo. Evidentemente, las negociaciones con la aseguradora no dieron fruto. Probablemente, las diarreas y los vómitos federales valen más que las de los mortales, y la aseguradora - que no debe estar muy bien - no ha querido cubrir ese daño.
Por su parte, el dueño del restaurante parece tener una buena defensa: lo ocurrido se dio en plena época de influenza, lo cual plantea la posibilidad de que fueran los demandantes los que se contagiaran ellos mismos, y que nadie más de los cientos de comensales ese día se afectó. Debe ser que el mofongo no le sienta bien a estos «procónsules» americanos.
Se puede apostar a que, si los jueces federales pierden este caso, van a decir que éste es un ejemplo más de que los tribunales de Puerto Rico tampoco sirven en lo civil.
Por su parte, el dueño del restaurante parece tener una buena defensa: lo ocurrido se dio en plena época de influenza, lo cual plantea la posibilidad de que fueran los demandantes los que se contagiaran ellos mismos, y que nadie más de los cientos de comensales ese día se afectó. Debe ser que el mofongo no le sienta bien a estos «procónsules» americanos.
Se puede apostar a que, si los jueces federales pierden este caso, van a decir que éste es un ejemplo más de que los tribunales de Puerto Rico tampoco sirven en lo civil.
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