Tiene razón el Superintendente de la Policía, al señalar la falta de cooperación ciudadana como una causa importante de muchos fracasos de la justicia. También la tiene cuando enumera los factores que inciden en ese proceder. El propio sistema - ineficiente y lento - propicia la renuencia del público a colaborar con las autoridades en el esclarecimiento y la adjudicación de la culpa en los delitos. Tampoco ayuda el cuestionable ejercicio de la discreción judicial, que, con alguna frecuencia, parece exigir certeza matemática en la prueba de cargo. En circunstancias así, la gente se desalienta a participar de un drama judicial cuyo resultado luce dictado de antemano.
Los remedios son varios y difíciles de implantar. Requieren de un reconocimiento de responsablidades a todos los niveles, y, sobre todo, de una voluntad de ponerlos en práctica. Lamentablemente, no hay lo uno ni lo otro.
lunes, 14 de enero de 2008
domingo, 13 de enero de 2008
Anuncios "engañosos"
Hay mucho descuido en la publicidad comercial en nuestro medio. En estos días he visto, repetidamente, un anuncio televisivo, en el cual se habla de tazas de interés en préstamos. La prensa nos invita a sintonizar un programa radial acerca de la nueva ley de desaucio. Una empresa de seminarios ofrece uno para enseñar "como obtener resultados concretos..." Otra anuncia una copiadora que "connecta a todos con rápido acceso... communicate a toda velocidad..." Y no sigo, para no aburrir.
He dicho antes que las agencias de publicidad están llenas de gente que no sabe español, y prefieren comunicarse en inglés. De ahí su confusión entre la "s" y la "z", la omisión de la "h", la falta de la tilde y la doble "n" y "m", que delata el copiete de un anuncio que originalmente era en inglés. A eso se une la desidia del periódico o la televisora, interesados solamente en cobrar por el anuncio, y ahí se tiene el resultado desastroso en la expresión comercial.
He dicho antes que las agencias de publicidad están llenas de gente que no sabe español, y prefieren comunicarse en inglés. De ahí su confusión entre la "s" y la "z", la omisión de la "h", la falta de la tilde y la doble "n" y "m", que delata el copiete de un anuncio que originalmente era en inglés. A eso se une la desidia del periódico o la televisora, interesados solamente en cobrar por el anuncio, y ahí se tiene el resultado desastroso en la expresión comercial.
sábado, 12 de enero de 2008
De oro
Así ha salido Marion Jones, con esa "sentencia" de seis meses de reclusión, dos años en probatoria y unas horitas de servicio a la comunidad, es decir, relaciones públicas. Indigna ver que sus falsos testimonios acerca de su uso de esteroides y el encubrimiento de su otrora marido en el esquema de los cheques, al final han contado muy poco. Este último aspecto me parece crucial, pues, si bien uno puede entender lo del uso de las sustancias para mejorar su rendimiento en la pista, lo otro revela que ella "cojea" de una pata que nada tiene que ver con el deporte. En fin, la Jones, con su dulce sonrisa y carita de "yo no fui," es medio gangster. Ahora que la cogieron en estas "dos falsas salidas", en su alocución en la vista judicial para sentenciarla, ha sacado a relucir su abnegación como madre, para evitar ir a la cárcel. Que se dé con tres piedras en el pecho, por la benevolencia con que ha sido tratada. A pesar de que perdió las múltiples medallas de oro que una vez "ganó", ha salido de oro.
viernes, 11 de enero de 2008
Cajón con "g"
Mi padre solía decir que había gente que escribía cajón con "g." Algo de esto, pero a la inversa, se da con frecuencia en nuestro medio. Hoy, por ejemplo, la prensa nos informa que el Departamento de Educación se apresta a "proveer acceso electrónico a los padres sobre las notas de sus hijos (sic) como lo exije la ley federal..." Caramba, ya que los americanos van a exigir algo, que sea que se escriba con "g" esa palabra y toda su parentela. De paso, como ellos se meten en todo, también deberían exigirle a uno de esos mega almacenes de los cuales hay que hacerse socio que, en su recetario, se disponga el recogido de los medicamentos, y no el recojido, como reza su bonito letrero.
En fin, al igual que en tantas otras cosas, el viejo tenía razón: son muchos los que escriben cajón con "g."
En fin, al igual que en tantas otras cosas, el viejo tenía razón: son muchos los que escriben cajón con "g."
jueves, 10 de enero de 2008
Un clero claro
Hay que aplaudir las expresiones y la postura del obispo episcopal en torno del embeleco de algunos pastores - que más parecen borregos - de trastear la Constitución para apuntalar la santidad del matrimonio. El señor obispo entiende mejor las "cosas del César" que algunos en el Senado y en otros foros, y sabe que, con lo dispuesto en el Código Civil, basta. Por supuesto que esperar que le dé paso al matrimonio entre personas del mismo sexo sería mucho pedir, pero su apertura a las uniones de hecho habla bien de alguien que, como cristiano, profesa que no hay mandamiento más grande que el amor al prójimo y la caridad como virtud.
La separación entre el Estado y la Iglesia es un valor democrático y libertario importante, que hay que defender a brazo partido, ante el riesgo de caer en las teocracias oscurantistas del pasado. Las iglesias tienen la función de orientar espiritual y moralmente a sus feligreses; incluso, como cualquier "hijo de vecino", pueden abogar por que se adopten sus posturas como política pública. Pero, la nuestra es una sociedad plural y secular, que debe atender los intereses y necesidades de todos, hasta los no creyentes. Permitir que unas personas se unan para vivir su amor no es obligar a los demás a hacerlo de esa manera. El verdadero pecado está en no dejar que ese prójimo ame libremente.
La separación entre el Estado y la Iglesia es un valor democrático y libertario importante, que hay que defender a brazo partido, ante el riesgo de caer en las teocracias oscurantistas del pasado. Las iglesias tienen la función de orientar espiritual y moralmente a sus feligreses; incluso, como cualquier "hijo de vecino", pueden abogar por que se adopten sus posturas como política pública. Pero, la nuestra es una sociedad plural y secular, que debe atender los intereses y necesidades de todos, hasta los no creyentes. Permitir que unas personas se unan para vivir su amor no es obligar a los demás a hacerlo de esa manera. El verdadero pecado está en no dejar que ese prójimo ame libremente.
miércoles, 9 de enero de 2008
Para todos los fines
Un periodista con toda clase de credenciales, cuyas columnas de opinión se reproducen en nuestra prensa, escribe: "Independientemente del desenlace final de las elecciones primarias..." Al hombre, con todos sus estudios y experiencia, se le ha pasado que el desenlace es, por definición, final. Distinto es el caso de resultado, que aunque, frecuentemente, es final, también puede ser parcial. En el caso de destino, usado en el contexto de un viaje, es el punto de llegada. En este sentido, si uno no va a una localidad, entonces ésa no es su destino, sino una mera escala o parada. Por supuesto, uno puede abordar un avión con destino a cierto punto, pues es el final de ese viaje, aunque no sea el de uno.
En fin, lo que importa es no caer en pleonasmos o precisiones innecesarias. Como he dicho tantas veces, las palabras tienen significados que bastan por sí solos. Somos los escribientes y hablantes los que tenemos que conocerlos, para no usarlas demás.
En fin, lo que importa es no caer en pleonasmos o precisiones innecesarias. Como he dicho tantas veces, las palabras tienen significados que bastan por sí solos. Somos los escribientes y hablantes los que tenemos que conocerlos, para no usarlas demás.
martes, 8 de enero de 2008
Bochorno en Washington, D.C.
Las audiencias que en estos días celebra el Tribunal Supremo de Estados Unidos acerca de la pena de muerte son un bochorno jurídico y moral, para esa institución, tenida como venerable por los ilusos que no conocen bien su historia. Discutir en 2008 si un método de matar a alguien es un "castigo cruel e inusitado", basado en cuánto dolor y sufrimiento puede causar, es un cálculo que revela una insensibilidad suprema. Es decir que la ejecución es buena, siempre que se haga de una forma que no cause mucha incomodidad al reo de muerte. ¿Qué clase de juristas son éstos, que entran en estas disquisiciones sobre las formas aceptables de matar a un condenado? Tomen nota todos los que ven en esa Corte la atalaya de la democracia, los derechos humanos y la justicia. Con los cambios que el tiempo ha impuesto, esos jueces siguen siendo nine old men, enajenados de la Historia, encerrados y enterrados en un "sepulcro blanqueado" de Washington, D.C.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)